Sororidad, Solidaridad y metro nocturno.

Volvemos en el metro, con nosotras mismas, con nuestros pensamientos, con nuestro rimel corrido, nuestros zapatos sucios, y nuestras 2 cervezas, y los recuerdos de una gran conversación, unas risas con amigas, una agradable cena… Todo genial, ¿no? Pues NO, porque no es así.

Volvemos mirando al suelo, volvemos haciéndonos pequeñas, intentando ser invisibles, refugiadas en nuestro móvil, por si tenemos que hacer una llamada o enviar un mensaje a horas intempestivas. No vamos pisando fuerte haciendo sonar nuestros tacones, (aquellas que los lleven), caminamos de puntillas para no hacer ruido.

pasillo_metro-640x640

Nos sentamos acurrucas en el asiento libre mas alejado del grupo de hombres que esta en el vagón y buscamos un hueco al lado de alguna mujer, aunque sea de pie y haya medio vagón libre al lado del grupo, pero así nos sentimos mas seguras, apelando a la Sororidad.

Así volvemos, y aceleramos el paso cuando alguien camina tras nosotras por los túneles y pasillos, y suspiramos aliviadas si es otra mujer, haciéndose pequeña la que va detrás, incluso frenamos un poco el paso, para ir mas juntas, para protegernos, llegamos a cruzar la mirada con una leve sonrisa.

Y salimos del metro, y nos separamos de nuestra “nueva amiga”, y volvemos a intentar desaparecer, como si no estuviéramos en una calle, que nos pertenece, que es la nuestra, que debemos reconquistar, pero no lo haremos una noche de sábado a altas horas de la noche, pensamos que no es el momento, que no es la batalla, aunque esto no sea cierto, pero no nos sentimos heroínas, ni guerreras medievales.

Buscamos las llaves, pero en silencio, con mimo, con cuidado, que no suenen, que no hagamos ruido, que no se nos toque que vivimos cerca, que no nos miren, que no estamos ahí. Y abrimos el portal mirando de reojo, comprobando que nadie detrás, y si hay una persona, que sea una mujer, una “nueva amiga”, una cómplice, una compañera.

Y cerramos el portal, y corremos escaleras arriba, como si fuera una competición de velocidad, tenemos que llegar a casa, tenemos que llegar cuanto antes, tenemos que sentirnos seguras y respirar aliviadas cuando demos dos vueltas al cerrojo.

De este modo volvemos a casa, cada noche tras un rato de ocio y diversión, o simplemente tras un largo turno de trabajo. Así volvemos, buscando y pidiendo Sororidad, mostrando nuestra Solidaridad y odiando tener que temer los metros nocturnos.

Este es nuestro día a día, estos son nuestros regresos a casa, estos son nuestro fin de fiesta, porque vivimos sumergidas en una sociedad heteropatriarcal, que nos ha robado el espacio, el caminar libres por las calles, la libertad de sentarnos en un metro medio vacío. Un sociedad machista, que nos “obliga” a hacernos pequeñas, para que no seamos la próxima victima juzgada por hacer sonar sus tacones, cuando volvía a casa.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s